Sor Juana Inés de la Cruz * (1648-1695)  
 

Juana Ramírez de Asbaje nació en San Miguel Nepantla, una alquería en las faldas del Popocatépell, México. Se dice que vino al mundo el 12 de noviembre de 1651, aunque se encontró una fe de bautismo en la parroquia de Chimulhuacán, a cuya jurisdicción pertenece Nepantla. En ella se cuenta que el 2 de diciembre de 1648 fue bautizada una niña Inés, hija de la iglesia. Fueron sus padrinos Miguel Ramírez y Beatriz Ramírez, hermanos de la madre de Juana Inés. La segunda versión de su nacimiento es la más acertada. Desde el principio la curiosidad intelectual fue su gran pasión.

 
Sor Juana Inés de la Cruz
 
  A los tres años obtuvo, no sin engaños y ruegos, que la maestra de una de sus hermanas mayores le diese lecciones. No comía queso porque le habían dicho que entontecía; podía más en ella "el deseo de saber que el de comer". A los seis o siete años ya sabía leer y escribir. Entonces se le ocurrió pedir a su madre que la enviase a la universidad vestida de hombre. Ante la previsible negativa, se consoló estudiando leyendo en la biblioteca de su abuelo. Juana Inés tenía 16 años cuando llegaron a México el nuevo virrey y su esposa (1664). La inteligencia, la gracia y también quizá, el desamparo de la muchacha, impresionaron inmediatamente a la marquesa.
 

El 24 de febrero de 1669, con casi veintiún años de edad, entra al convento de San Jerónimo. Antes vivió unos doce años en soledad, primero con unos parientes y luego en la corte. La vida de sor Juana no daba ninguna clase de indicio de una vocación religiosa. A ella le rodeaba la admiración general, y además era muy bonita, y sin embargo, se encerró en un convento. Quizá su extremo intelectualismo era adverso a la vida matrimonial.

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La vida y la obra de sor Juana Inés se insertan en el mundo cerrado de la sociedad aristocrática de Nueva España al finalizar el siglo XVII. Es un período en el que coincide la extrema decadencia de España con el anuncio, en México, de una nueva sociedad: crepúsculo y alba. La figura de sor Juana puede verse como un emblema de esa contradicción como un aviso de lo que sería la historia moderna de México. Los últimos años de la poetisa son los de su conflicto con los jerarcas de la Iglesia: su defensa del derecho de la mujer al saber les pareció soberbia y rebelión. Los poemas de sor Juana revelan un conocimiento erótico. En general sus poemas trataban no de amor sino de soledad. El tono sensual, apasionado, directo, no está en los poemas de amor sino, casi siempre, en los de amistad, dedicados a sus amigas.
 
 
El 17 de abril de 1695 murió Sor Juana Inés de la Cruz a las cuatro de la madrugada por una epidemia de resfrío que ocurrió en el convento de San Jerónimo. Tenía 46 años y cinco meses.
 
 
(*) Biografía extraída del libro Sor Juana Inés de la Cruz de Octavio Paz.
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